Antonio Rodriguez, el estrangulador de Kensington
En Kensington, cuando cae la noche, las farolas apenas logran ahuyentar la penumbra que se cuela por los callejones y se esconde tras las ventanas empañadas. Es un barrio que respira a golpes, donde la esperanza se vende barata y el miedo se aprende pronto. Allí, entre el rumor de trenes lejanos y el eco de sirenas, comenzó a gestarse una pesadilla que marcaría para siempre el nombre de Antonio Rodríguez. Nadie imaginaba que aquel joven de mirada tranquila y cicatriz en el cuello, criado entre familias de acogida y promesas rotas, sería el protagonista de una ola de crímenes que teñiría de luto las aceras. Mujeres olvidadas por todos, atrapadas en el vaivén de la adicción y la supervivencia, comenzaron a desaparecer en las noches más frías del año. Sus cuerpos, hallados en rincones donde la ciudad prefiere no mirar, revelaban la firma de un asesino que cazaba en silencio, con la paciencia de quien sabe que la oscuridad es su mejor aliada. Mientras la policía tropezaba con pistas y...