Claudia Mijangos, la hiena de Querétaro



Imaginen una vida envuelta en sombras, donde los límites entre la realidad y la pesadilla se desdibujan. Claudia Mijangos navegó por este oscuro camino que la condujo a perpetrar un acto aterrador, dejando a toda una comunidad estupefacta.

Claudia Mijangos, nació el 25 de mayo de 1955 en Mazatlán, Sinaloa, tuvo una infancia marcada por la ausencia de cariño parental. Siendo la menor de siete hermanos, enfrentó la falta de afecto debido a la dominancia, autoritarismo y fanatismo religioso de su madre, María del Carmen Arzac. Aunque su padre, Antonio Mijangos, era un hombre sensible, su dedicación al trabajo y su carácter débil no contrarrestaron la influencia materna. Este contexto familiar peculiar marcó el inicio de la vida de Claudia.

Cambiando de arma, Mijangos se abalanzó sobre su hija mayor, apuñalándola seis veces. A pesar de las heridas mortales y los pulmones perforados, la niña logró escapar de la habitación, clamando desesperadamente en busca de auxilio. Los lamentos estridentes reverberaron por todo el vecindario, despertando a varios de sus vecinos. Con un tercer cuchillo, Claudia concluyó su cruel acto al apuñalar en el corazón a su hija menor, Ana Belén, de nueve años, quien, en un trágico silencio, no ofreció mucha resistencia.

En un principio, los investigadores consideraron la posibilidad de la presencia de un intruso, pensando en un potencial ataque a la familia. No obstante, no se hallaron rastros de intento de entrada forzada, y el arma homicida estaba en posesión de Claudia.

Después de los exámenes psiquiátricos realizados tras los asesinatos, los médicos concluyeron que las narraciones de Claudia podrían haber sido fabricaciones, ya que sufría de psicosis orgánica y presentaba un quiste en el lóbulo temporal derecho, junto con una perturbación de la personalidad tipo paranoide. En sus primeras declaraciones, Claudia expresaba ideas incoherentes, como afirmar que "el esposo de Vero le dijo que Mazatlán había desaparecido" y argumentar que, al mirar por la ventana, "Querétaro estaba vacío". También alegaba desconocer quién la había lastimado, insistiendo en que las manchas en su ropa eran de Kétchup.

Hoy, casi 30 años después, la casa propiedad de Claudia Mijangos muestra un aspecto de total abandono, con ventanas rotas, falta de pintura y una barda erigida por los vecinos para evitar la entrada de "curiosos" que solían ingresar.

A pesar de su infancia carente de afecto, Claudia Mijangos destacó como una niña socialmente amigable y popular entre sus compañeras. Aunque no brilló académicamente, mostró un carácter rebelde. En su juventud, decidió estudiar Comercio y participó en un certamen de belleza, demostrando una faceta diferente de su personalidad.

La vida de Claudia Mijangos estuvo marcada por desafíos familiares significativos. Su hermano mayor, Antonio enfrentó hospitalizaciones recurrentes debido a su lucha contra la adicción al alcohol y sustancias, además de tener una personalidad psicopática. Alberto, sufría de retraso mental y convulsiones, dependiendo completamente de la ayuda externa. Por otro lado, Rafael, padecía Síndrome de Down.

En cuanto a sus hermanas, se sabe poco, pero parece que vivieron matrimonios complicados que culminaron en divorcios. Este complejo entorno familiar sin duda dejó una huella en la vida de Claudia.

En su juventud, Claudia tuvo dos novios. A los 19 años, conoció a Alfredo Castaños siete años mayor que ella con quien se casaría dos años después y se mudarían a Querétaro. Sin embargo, esta etapa marcó el inicio de crisis agresivas y depresivas en su vida. Se rumorea que en su noche de bodas, experimentó el primer episodio de agresividad durante su primera relación íntima con su esposo, escapando corriendo de la habitación por el pasillo del hotel. 

La pareja tuvo tres hijos Cláudia Maria, Ana Belen y Alfredo.

Una vez establecidos en Querétaro, inauguraron una tienda de moda exclusiva en el Pasaje de la Llata, convirtiéndose en el destino preferido de las mujeres más distinguidas de la zona.

Era una familia arraigada en la tradición y fervor católico incluso Claudia comenzó a ejercer de catequista en el mismo colegio al que asistían sus hijos, pero la situación en casa era cada vez mas complicada. Se murmura que Alfredo, con su temperamento posesivo y dominante, desencadenó conflictos que se entrelazaron con las luchas psicológicas que Claudia comenzó a atravesar.

En 1982, tras un desencuentro, Claudia emprendió la persecución de su esposo, armada con un machete. En otro incidente, lo agredió con unas tijeras, hiriéndolo en la cabeza. Dos años más tarde, en medio de una explosión de ira durante una discusión, empleó un cuchillo con el que rajo los neumáticos  del automóvil de su esposo.

Aunque Claudia continuaba desempeñando su rol de catequista en el colegio Fray Luis de León, dirigido por los Agustinos Recoletos, los días de catequesis se volvieron especialmente significativos para ella. El joven padre Ramón, con sus penetrantes ojos azules y su estatura imponente, la había cautivado. Las insinuaciones de un amor prohibido entre ambos no eran pocas, alimentadas por una simpatía aparentemente mutua.

Claudia se distanciaba gradualmente de su esposo, volviéndose una presencia común en las clases de catecismo en la escuela. La conexión entre ella y el padre Ramón no pasó desapercibida, y se rumorea que comenzaron un romance. Aunque la escuela nunca se pronunció al respecto, la archidiócesis de Querétaro gestionó el traslado del padre Ramón después de los trágicos acontecimientos.

El director de la escuela, el padre Rigoberto, estaba al tanto de la relación prohibida, llegando incluso a discutir el tema tanto con el padre Ramón como con el esposo de Claudia. Recomendó a Alfredo que él fuera el custodio principal de los niños, no Claudia.

Tras estas advertencias o conversaciones, el padre Ramón pareció decidir poner fin al idilio que mantenía con Mijangos. Además, la carga de traicionar sus votos sacerdotales pesaba demasiado en su conciencia.

Ante la complicada situación, el padre Ramón optó por poner fin a la relación. Claudia, lejos de aceptarlo, lo buscaba activamente, incluso llegando al punto de seguirlo, según relataría años más tarde el padre Rigoberto. En ese período, Claudia empezó a afirmar que escuchaba voces, describiéndolas como ángeles que le indicaban que debían estar juntos. A pesar de la ruptura, ella nunca perdió la esperanza de unirse nuevamente al padre Ramón.

La pareja se sumergió en sesiones de terapia  en un intento desesperado por rescatar su relación, aunque la motivación principal parecía provenir más de Alfredo que de Claudia. Las sesiones se volvían cada vez más incómodas, con ambos lanzándose acusaciones a gritos y mostrando falta de respeto. Las reuniones terapéuticas estancadas llevaron al consejo del terapeuta: el divorcio era la mejor alternativa para el bienestar de sus hijos. Estaba claro que habían perdido cualquier cosa en común hace mucho tiempo.

Optaron por poner fin a su matrimonio, otorgando la custodia a la madre en el proceso de divorcio. La salud mental de Claudia se deterioraba día a día, probablemente exacerbada por la separación del padre Ramón. No lograba comprender que la relación había llegado a su fin y que la posibilidad de estar juntos se desvanecía para siempre.

En 1988, Claudia experimentó una crisis más intensa, manifestando creencias en brujería. Hablaba de presencias que le lanzaban hechizos y afirmaba que en su casa aparecían fenómenos inexplicables. Llegó incluso a acusar a los vecinos de arrojar pájaros muertos en su patio con la intención de hacerle daño. En una ocasión, permitió que su hija mayor, Claudia María, pasara la noche en casa de una amiga, pero en la madrugada fue por ella y confrontó a los padres de la amiga, acusándolos de intentar robarle a su hija.

Aunque Claudia era consciente de su salud mental deteriorada, mantuvo en silencio esta realidad ante su exmarido. Entendía que hablar de ello podría resultar en la pérdida de la custodia de sus tres hijos.

A pesar de intentar darse una segunda oportunidad, Claudia y Alfredo decidieron vivir separados debido a la convivencia insoportable. La noche de los crímenes hacía seis meses desde que cada uno vivía por su lado. Claudia atravesaba una profunda depresión que la mantenía postrada en la cama, incapaz de superar su desanimo.

Alfredo llevó a sus hijos de vuelta a la casa de su exesposa, después de pasar la tarde juntos en una fiesta benéfica organizada por el colegio. Una vez en la residencia, ubicada en la calle Hacienda del Vegil 408, colonia Jardines de la Hacienda, se desató una intensa discusión entre él y Claudia, lo que finalmente lo llevó a retirarse del lugar.

El 24 de abril de 1989, alrededor de las 4 de la madrugada, Claudia Mijangos despertó sobresaltada. Las voces en su mente eran tan abrumadoras que interrumpieron su sueño. Aseguró que le susurraban que Mazatlán había desaparecido y que "todo Querétaro era un espíritu". Sumida en su crisis, llamó a su amiga Verónica Vázquez, quien, desconcertada, le pidió a Claudia que se calmara y le aseguró que estaría allí por la mañana para ayudarla. Luego, Claudia se levantó y se vistió, dirigiéndose a la cocina donde tomó tres cuchillos, mientras sus hijos aún dormían plácidamente.

Eran poco mas de  las 5 de la mañana, cuando Claudia alteró la serenidad de su hogar al despertar a su hijo de seis años, Alfredo. En pocos minutos, desató un violento ataque con un cuchillo, focalizando su agresión en la mano izquierda del niño, lo que resultó en la amputación completa de dicha extremidad. Los gritos desgarradores del pequeño resonaban en la penumbra, mientras que su hermana mayor, Claudia María, de 11 años, acudió a la habitación, implorando a su madre que se detuviera. 

Descendió apresuradamente por las escaleras, en busca de Claudia María, cuya agonía la había dejado desmayada boca arriba, justo en el límite entre la sala y el comedor. Sin vacilar, le infligió más puñaladas. Posteriormente, arrastró su cuerpo inerte hacia la planta alta, depositándolo en la habitación principal.

La primera en llegar a la escena fue la amiga de Claudia, Verónica, quien, al percatarse de la tragedia, no dudó en contactar a los servicios de emergencia, que acudieron velozmente al lugar, quedando profundamente impresionados por la espeluznante escena.

Al llegar la policía, descubrieron a Claudia recostada cerca de los cuerpos de sus hijos, sujetando el cuchillo, aunque se encontraba en estado de shock y apenas consciente. Se estima que más de ocho litros de sangre se dispersaban por la casa.

Alfredo, fue señalado como el primer sospechoso; sin embargo, pudieron confirmar que se había retirado de la casa antes de los trágicos sucesos.

Al llegar al hospital, Claudia manifestaba desorientación, repitiendo de manera obsesiva que necesitaba recoger a sus hijos para llevarlos a la escuela y prepararles el desayuno.

Según el informe pericial, el lunes 24 de abril, Claudia tenía una cita con su psiquiatra para obtener una orden de internamiento, ya que le habían diagnosticado delirios severos, aunque la decisión de internarse no entraba en sus planes.

72 horas después, declaró que desde hacía una semana experimentaba una extrañeza profunda: "Sentía como si no fuera yo, al mirarme al espejo, veía mi rostro con carne podrida y descarnada. Observaba por la ventana y percibía que Querétaro estaba habitado por puros espíritus, cuerpos ambulantes. Creía que mis hijos estaban poseídos y se convertirían en monstruos. Sentía que debía poner fin a todo y que, una vez concluido, recuperaría la normalidad".

Más tarde, afirmó que una voz masculina la compelía a cometer el crimen, argumentando: "No era yo quien lo hacía, era la voz de ese hombre que me ordenaba hacerlo". Agregó: "El daño que pretendían infligirme, ya está hecho. La semana pasada escuché esa voz extraña, quizás fue fruto de mi imaginación".

El 2 de mayo de 1989, fue decretado su encarcelamiento formal, y el 10 de mayo, alrededor de las 10 de la noche, ingresó a cumplir su condena en el Centro de Rehabilitación Social.

La residencia situada en la calle Hacienda Vegil de la colonia Jardines de la Hacienda, donde ocurrió el brutal crimen, pronto se transformó en una atracción no solo para los habitantes locales y turistas, sino también para aquellos en busca de experiencias paranormales. Surgieron leyendas urbanas que afirmaban que la casa estaba embrujada, que los niños fallecidos se manifestaban, que en las noches resonaban gritos y llantos, que se avistaban luces y sombras en su interior, e incluso que un niño pequeño se asomaba por las ventanas.

Claudia Mijangos, conocida como La Hiena de Querétaro, recobró su libertad el 24 de abril de 2019, abandonando el penal de Tepepan en el sur de la Ciudad de México tras tres décadas de reclusión. En las inmediaciones de la prisión, la esperaban dos de sus familiares a bordo de una imponente Mazda CX7. Vestida de azul y con cabellos rubios, la mujer depositó sus pertenencias en el maletero del vehículo y, con paso firme, se sentó en la parte delantera del mismo.

El magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), José Antonio Ortega Cerbón, reveló que, según los análisis efectuados a Claudia Mijangos, requerirá una atención médica constante, supervisión y tratamiento debido a las secuelas en su salud mental.

CONCLUSIONES:

El caso de Claudia Mijangos es un sombrío recordatorio de la complejidad de la mente humana y los estragos que pueden causar los trastornos mentales no tratados. Más allá de los titulares y las investigaciones, se revela una tragedia profunda, donde la línea entre la víctima y el victimario se desvanece en la turbia oscuridad de la enfermedad mental. 

En esta historia, la sociedad enfrenta la cruda realidad de la fragilidad psicológica y la urgente necesidad de compasión y tratamiento para aquellos que sufren. La tragedia de Claudia Mijangos es un eco desgarrador que resuena en el dilema persistente entre la justicia y la comprensión, un recordatorio de que, detrás de cada crimen, a menudo se encuentra una narrativa de dolor y desesperación que desafía nuestra capacidad para entender la complejidad de la condición humana.


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FUENTES:

https://www.infobae.com/america/mexico/2021/03/24/la-hiena-de-queretaro-fue-reina-de-belleza-se-enamoro-de-un-sacerdote-y-masacro-a-sus-tres-hijos/

https://www.ya.fm/viral/64104/madres-asesinas-la-historia-de-claudia-mijangos-la-hiena-de-queretaro

https://www.noesis.com.mx/post/queretanos-asesinos-la-hiena-de-queretaro

https://noticieros.televisa.com/ultimas-noticias/claudia-mijangos-salir-libre-cumplir-sentencia/

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